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El silencio no siempre está vacío

Un Curso de Milagros nos invita, en la sección "Más allá de los símbolos" a vaciarnos de todos los conceptos que vamos arrastrando para poder hacer espacio a la verdad. En medio de los grupos de discusión hicimos un paralelismo de este vacío con el silencio, porque muchas veces nos sucede que cuando en oración pedimos el consejo de la Voz que habla por Dios pareciera que nos quedamos sin nada. Muchas experiencias de las lecciones nos dejan en ese espacio oscuro, donde pareciera no pasar nada.


Un punto de vista es que eso que no parece nada pudiera ser nuestra invitación al Espíritu Santo, ese "vacío" más allá de los símbolos y siendo así solo quedaría atesorar ese momento seguros de que el Espíritu de Dios lo esta llenando con su amor y su verdad.


Pero existe otra posibilidad... el silencio de un niño que es obligado a callar. Ese niño que sigue inquieto... zapateando el piso, quieto por afuera pero como un volcán a punto de estallar. Desde una mente separada hemos buscado algo a lo que no podemos tener acceso desde allí y nos quedamos ansiosos y callados como ese niño con la boca cerrada, pero no el corazón.


Siempre la curación arranca cuando reconocemos el problema. Cuando sabiendo que hay algo que nos evita avanzar en el camino de la paz pedimos la ayuda necesaria para ir más allá. Si luego de esa experiencia de silencio no me siento pleno, siempre puedo reconocer que hay algo en mi que esta limitando esta experiencia y pedir la luz que va a iluminar ese espacio y liberar mi voluntad de lo que la esta aprisionando.


Podemos avanzar cuando decidimos no aceptar algo diferente a la verdad.


 
 
 

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